domingo, 2 de diciembre de 2012

Engañado por mis sentidos.



El día comienza a clarear, mis ojos todavía cerrados no lo perciben y dejan que sean mis oídos los primeros en despertarse al son de la melodía del despertador. Me siento pesado, perezoso y lento de reflejos. El tener que alejarme del suave tacto de las sábanas me violenta y  hace la situación más desagradable todavía.
Tras un rato de duda por fin decido dar el paso y poner los pies en el suelo, el primer contacto con el frio piso me crea incomodidad y, por un instante me invita a observar la cama de nuevo, esta vez con una añoranza que hace muy difícil no correr a su encuentro.
Me dirijo a la cocina con los ojos todavía medio entornados y, al segundo paso, mis gélidos pies sienten el contacto con una silla puesta en medio por arte de mágia durante la noche. Mi boca murmulla, mis ojos la observan y mis manos, acompañadas de un tacto rudo y torpe (característico de esos momentos del día) la apartan sin recrearse en el contacto con ella.
Por suerte, he llegado a la cocina, preparo la cafetera y me quedo observando para evitar que el café se recaliente, es un instante donde nada importa, consigo abstraerme y fijo mis sentidos en lo realmente importante, su aroma consigue llevarme a otra dimensión y en cuanto está listo lo vierto en una taza; no me gusta esperar que se enfríe y menos acompañarlo de azucar, su regusto amargo me encanta y me permite afrontar la realidad de otra manera. Puede resultar una tontería, pero pienso que si comienzo el día con un sabor amargo cualquier cosa que venga, por dura que sea, dejará en mi un sabor dulce.
Casi sin darme cuenta ha llegado el momento de la ducha, el frío que voy a pasar durante unos instantes se verá recompensado por la relajación que me transmite el agua caliente en contacto con mi cuerpo. De fondo esa canción que me recuerda a ti y todo lo que significas. Una nube de vapor  se apodera del cuarto de baño y esa neblina hace que aflore en mi un atisbo de melancólica ternura...De pronto el agua caliente deja de salir y el placer de una ducha perfecta se convierte en una broma macabra, vuelvo a violentarme y blasfemo por la mala suerte. Mi olfato detecta un extraño olor, siento que algo no marcha bien y tras unos segundos me doy cuenta que... Alguien ha hecho café y, ¡yo sigo en la cama!
Mis sentidos me engañaron, ahora todo serán prisas.

3 comentarios:

  1. Si comienzo el día con un sabor amargo cualquier cosa que venga, por dura que sea, dejará en mi un sabor dulce.

    Me ha E N C A N T A D O!!

    ResponderEliminar
  2. Así aprenderemos a disfrutar de las amarguras y sabremos que son simplemente un escalón más hacia la felicidad...Gracias!!

    ResponderEliminar
  3. A ti, por aportarme ideas y hacerme ver que las cosas pueden tener otro color :)

    ResponderEliminar